La cerveza, con casi 6.000 años de historia a sus espaldas, ha sido utilizada en algunos de los rituales funerarios más singulares del mundo

La cerveza. Esa bebida tan habitual en nuestro día a día y que nos puede apetecer en cualquier situación: cuando vamos a tomar algo al bar con los amigos, cuando queremos disfrutar de un buen partido de fútbol, cuando buscamos algo para acompañar una buena comida o sencillamente cuando necesitamos algo fresco para soportar el calor. Asociamos esta bebida normalmente con la felicidad y a veces también con el desenfreno, ¿pero sabías que ha llegado a estar vinculada con algo aparentemente tan formal como los ritos funerarios?

Los orígenes de la cerveza se sitúan alrededor del año 4.000 a. C., concretamente en las orillas mesopotámicas del Tigris y el Éufrates y gracias a la considerada como primera civilización de la historia: los sumerios. El kash, como se conocía a la cerveza por aquel entonces, tenía incluso una diosa en su honor llamada Kinkasi (literalmente, “la señora que llena la boca”). Pero la cerveza, más allá de existir para el disfrute de los mortales, también tenía, por increíble que parezca, un papel muy importante durante los entierros.

Y es que en los orígenes de la antigua Mesopotamia la cerveza estaba asociada a los reyes, a los dioses… y a los difuntos, pues estos últimos eran despedidos a través de libaciones; un ritual religioso que consiste en esparcir una bebida como ofrenda a una divinidad. Además, se creía que los muertos sufrían mucha sed, por lo que en algunas tumbas de aquella época se han encontrado jarras y vasijas que ayudaban en el viaje al ‘más allá’.

Este no era el único uso que tenía esta bebida. De hecho, existen evidencias que acreditarían que la cerveza también servía como método medicinal, utilizándose sobre todo en la elaboración de pomadas y ungüentos.

Vikingos e irlandeses, no sin sus cervezas

Los sumerios no han sido los únicos en juntar cerveza y ritos funerarios. Otro pueblo con mucha historia, los vikingos, también unieron estos dos elementos. ¿El motivo? Los guerreros nórdicos, grandes consumidores de esta bebida, le daban gran importancia al entierro para asegurarse que el fallecido encontrara la paz eterna y su espíritu no quedara vagando por la tierra. Así pues, al séptimo día del fallecimiento tenía lugar la fiesta del sjaund o “fiesta de la cerveza funeraria”, donde se procedía con las libaciones y el heredero podía reclamar la herencia que le correspondía.

Por último, los irlandeses también saben lo que es vivir un entierro con cerveza, aunque en este caso no se utilizaba con fines religiosos o supersticiosos, sino más bien festivos. Ya hemos discutido sobre las notables diferencias que existen entre España e Irlanda, donde el luto también puede tener tintes de alegría con el Irish Wake: una fiesta en honor al fallecido que incluía, como no, alcohol.

Habitual hasta hace unas pocas décadas, cabe destacar que durante el velatorio –evento que podía alargarse hasta los tres días– reinaba un ambiente triste y respetuoso por el traspaso, pero a la vez distendido. Amigos, compañeros, conocidos y familiares se reunían para brindar en honor del fallecido durante una jornada en la que se recordaban anécdotas divertidas, se jugaba a cartas y se consumía todo tipo de bebidas alcohólicas.